De la mágica noche, en la bruma,
yo he sentido llover, en silencio,
infinitos luceros caídos,
como estrofas de luz, cuá, misterio.
Y he visto soñar a la luna
con un cielo cubierto de estrellas
y al mar mecer con recuerdos
las barcas sedientas de arena.
Y he vivido, de cerca, momentos
que siento que a otro ocurrieran.
Si las piedras no dieron su fruto
la ilusión, fué en mí, fértil tierra.
Desde el recio castillo del alma
hasta el poro vacío que deja
el sudor del llanto he abierto
murallas de barro y quinmera.